Si alguna vez has sentido un hormigueo eléctrico en los dedos, un ardor molesto que no te deja dormir, un dolor difícil de describir o la sensación extraña de llevar una bota apretada en el pie, ya conoces de cerca el dolor neuropático. Es una situación frustrante debido a que los analgésicos convencionales (como el ibuprofeno de toda la vida) apenas le hacen nada.
En estos casos, el tratamiento requiere un abordaje multidisciplinar. La herramienta médica principal son los fármacos específicos (como la gabapentina o la pregabalina), cuyo objetivo es regular la química alterada del nervio irritado para disminuir la hiperactividad del dolor o las sensaciones de hormigueos extraños. Sin embargo, la química es solo una parte de la ecuación de sus posibles tratamientos.
Tras una formación reciente con Marc Veneros, un grandísimo profesional de la fisioterapia al que admiramos, aprendimos e integramos que el sistema nervioso no depende únicamente de su estado químico: su salud está íntimamente ligada a su mecánica y a su capacidad de moverse libremente, y en muchos casos, este será el tratamiento más efectivo!
Tu nervio es un cable, no una cuerda
Imagina que tus nervios son como cables que viajan por túneles (los músculos, huesos y fascias). Para que un nervio funcione correctamente y sin dolor necesita tres factores fisiológicos indispensables: espacio, flujo de sangre y movimiento.
Cuando un nervio se irrita por compresión, falta de riego sanguíneo o falta de movilidad, desarrolla lo que técnicamente llamamos mecanosensibilidad.
Para entenderlo de forma sencilla: es como si la alarma de tu casa se volviera tan sensible que saltara cada vez que pasa un gato por la ventana. En este estado, cualquier movimiento cotidiano es interpretado por el cerebro como una amenaza, desencadenando una respuesta de dolor.
El gran error: "Si me duele, tengo que estirarlo"
Ante un nervio irritado o "atrapado" (como ocurre en el Síndrome del Túnel Carpiano), el instinto habitual suele ser estirar la zona con fuerza. Sin embargo, la neurodinamia NO es estirar, y someter a un nervio sensibilizado a una tensión excesiva puede empeorar las cosas.
Para entender por qué, la ciencia nos da un dato biomecánico revelador: los nervios tienen una capacidad de despliegue y deslizamiento de hasta un 19%, pero su capacidad de estiramiento real es de apenas un 4% antes de sufrir daño microvascular o tisular.
Aquí radica la diferencia entre las dos técnicas principales de movimiento neural:
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El estiramiento o tensión (Tensioner): Aplica tensión en ambos extremos del nervio simultáneamente. Aunque ayuda a ganar tolerancia en etapas avanzadas o con rigideces de larga evolución, se reserva únicamente para casos con baja irritabilidad. Si se aplica sobre un nervio ya inflamado, puede aumentar su mecanosensibilidad.
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El deslizamiento (Slider o "neurogimnasia"): En lugar de "traccionar", mueve un extremo del nervio mientras relaja el otro (mueve ambos extremos en la misma dirección). Esto permite que el nervio "navegue" suavemente por su canal con el mínimo estrés posible.
El objetivo fisiológico del deslizamiento no es alargar el nervio, sino reducir el edema interno, mejorar la vascularización y devolverle su movilidad. Por eso es la herramienta de elección en fases iniciales: nos permite movilizar el tejido sin reproducir síntomas ni disparar la alarma del dolor.



Aquí veis a nuestra Sari mostrándonos el recorrido del nervio mediano, y un ejemplo muy visual para su movimiento.
Este es solo un ejemplo de posibles ejercicios pensados específicamente para mover nuestro sistema nervioso periférico.
El objetivo de estos ejercicio es lograr que los nervios se deslicen aplicando la técnica del slider: liberando tensión en un extremo mientras se genera en el otro.
Este balanceo rítmico ayuda al nervio a recuperar movilidad con cariño. De hecho, en muchos casos de túnel carpiano, este tipo de trabajo neurodinámico bien guiado demuestra una eficacia comparable a la intervención quirúrgica (¡wow!)
La clave: valoración individualizada
Como nos insistió Marc Veneros durante la formación, cada sistema nervioso presenta un comportamiento único.
Igual que acudiríamos al médico para ajustar el tratamiento farmacológico, es fundamental contar con un fisioterapeuta especializado que valore tu caso, determine la causa exacta de la mecanosensibilidad y prescriba la "dosis" precisa de movimiento que tu nervio necesita.
Combinar la regulación química con la recuperación progresiva del movimiento es la vía real para que tu sistema de alarma vuelva a la calma 😊
¿Os ha gustado? ¿Habéis aprendido algo?
Gracias a todos por leernos, y gracias por compartir tus conocimientos con nosotros Marc!! Te queremos!

